Jun 06

Bueno queridos receptores…os hablo de este libro:“El gran libro de los insultos”, una obra que contiene unos 10.000 improperios y que demuestra que, “para insultar, no hay idioma como el castellano”.

“La lengua española se caracteriza por la variedad y enjundia del léxico ofensivo y por su gracia y viveza. El insulto castellano es directo y rápido, audaz, como un tiro”, afirma en una entrevista con Efe Celdrán, que ofrece en su nuevo libro “calificativos para todo tipo de conducta miserable, mezquina y deshonrosa”.

Desde los destinados a “ladrones y maridos aparentemente engañados; chulos destemplados, soberbios montaraces, granujas disculpables o pobres hombres arrinconados por la vida”, hasta los relacionados con la sexualidad, con el hambre o con los numerosos habitantes del reino de “los tontos, pícaros, mentecatos, bobos, truhanes y necios de todo pelaje”.

En el campo semántico de los tontos moran “Abundio y Pichote, Cardoso y el cojo Clavijo, Perico el de los Palotes, Panarra y Pipí, el tonto de Coria, el del Bote y el de Capirote”. Tampoco falta el pobre al que se le ocurrió asar la manteca o “el tonto bolonio”.

“El gran libro de los insultos. Tesoro crítico, etimológico e histórico de los insultos españoles” tiene más de mil páginas y es la obra “definitiva” en este campo de Pancracio Celdrán Gomariz, autor, entre otros muchos títulos, de “El libro de los elogios”, “Inventario general de insultos”, “Diccionario de frases y dichos populares” o “Hablar con corrección”.

El citado “Inventario” fue “el germen” de la obra que ahora ve la luz, pero esta es “más seria y ambiciosa”. Tiene unas cinco mil entradas y de cada insulto se da información detallada sobre su origen, los lugares donde se utiliza y las metamorfosis que ha experimentado.

Al consultar esta obra, que publica La Esfera de los libros, se podrá saber que el sonoro “dondorondón” se emplea en Murcia para aludir a “un personaje irreal fastuoso y a la vez ridículo”, y que “guarripanda” es sinónimo de “persona puerca” en la provincia de Badajoz.

Hay insultos “desconocidos por completo”, como “gandido”, es decir, “muerto de hambre, desgraciado, hambriento y menesteroso que no tiene dónde caerse muerto”.

En Canarias, “culichichi” se le dice al chismoso o a quien carece de importancia social. En Madrid se llamó “culuchiche” al cursi y también tuvo “el significado adicional de adulón y lameculos”.

“Viceberzas” se empleaba en el siglo XIX para designar al secretario de un tonto o al que sirve a alguien más idiota que él. Ese término juega con el adverbio viceversa y es lo que Celdrán llama “un insulto de laboratorio”.

Rodolfo Chikilicuatre no habrá ganado el concurso de Eurovisión, pero ha logrado dos cosas: que todo el mundo baile el chiki-chiki y que se haya puesto de moda la voz valenciana “chiquilicuatre”, un insulto que ya era corriente en el XVIII y que significa “zascandil, don nadie, pelanas”.

“También se predica de quien es muy poquita cosa, menguado y raquítico”. Chiquilicuatro, chipilicuatre y chiquilicuá son otras variantes.

La mayoría de las palabras ofensivas que se utilizan en España cobraron “vigor propio” en América. “El gran libro de los insultos” incluye algunos ejemplos (”cusca”, “cojudo”, “gringo”, “guaje” y “guanajo”, entre otros), pero sin ánimo de ser exhaustivos porque, como dice Celdrán, “sólo para México se necesitaría otra obra como ésta”.

México y Argentina son “los más ingeniosos a la hora del insulto”, afirma Celdrán, quien en su extenso prólogo incluye una disposición laboral distribuida entre los empleados de una multinacional en Argentina:

“No se utilizarán voces y expresiones tales como ‘carajo; la puta madre; me da por el quinto forro’. No se tolerarán tratamientos como los de ‘hijo de mil putas; guanaco; mal parido; es una mierda; es una bosta’. La falta de determinación no será descrita como ‘falta de huevos; cagón de mierda; pelotudo; boludo’”…, etc. Está claro que en esa empresa cuidan el idioma.

La pobreza de vocabulario que afecta a un buen número de hispanohablantes queda patente también al insultar. En España se abusa de voces como “gilipollas” o “hijo(de)puta”.

Espero que les haya interesado mucho.

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Feb 12

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Dic 13

La bebida es producida por la cervecería jalisciense Minerva, que en 2006 lanzó al mercado la cerveza Duff, misma que aparece en la famosa serie animada Los Simpson.

Guadalajara, Jal. Una nueva cerveza llamada Malverde, santo de los narcotraficantes, comenzó a comercializarse en Culiacán, Sinaloa y Guadalajara, Jalisco, y se espera exportarla a Estados Unidos, informó Juan Carlos Banda López, gerente de comercialización de la cervecería Minerva, con sede en la capital jalisciense.

“Creemos que (Jesús) Malverde es un nombre de un personaje del dominio popular y no tiene por qué haber problema con eso, y no se tiene que registrar, ya tenemos el registro de Malverde como marca de cerveza“, expresó Banda López.

La bebida comenzó a comercializarse en Culiacán, donde se encuentra la capilla de Malverde, el santo no reconocido de los traficantes de drogas, a donde acuden los visitantes en absoluto hermetismo en busca de algún milagro. Además, Sinaloa es el bastión del cártel de Joaquín El Chapo Guzmán.

“La primera etapa de la producción, de dos mil cajas mensuales, es para Culiacán, Sinaloa, y otras mil para los bares y antros de Guadalajara, pero pensamos que éste producto puede exportarse a Estados Unidos y (llevarse) al resto del país”, indicó el gerente.

Minerva, productora de la cerveza Malverde, lanzó al mercado en julio de 2006 la cerveza Duff, la misma que aparece en la famosa serie animada Los Simpson y que enfrentó cuestionamientos por el derecho de uso de nombre.

“Esa producción sólo se trató de una maquila” (producción limitada), aclara Banda López.

La cerveza Malverde es del tipo Pilsener Continental, “cuerpo medio, refrescante, 100 por ciento premiun” y es muy posible que se produzca “según responda el mercado” en envase de aluminio, se jacta Banda López.

El precio de venta al público es de 13 pesos por cada botella pequeña y, según estimaciones de la empresa, en 2008 la producción de la cerveza del “santo de los narcos” o “narco cerveza” puede crecer más del 100 por ciento.

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